Los eventos internacionales deportivos, como los pasados Juegos Olímpicos de Milano-Cortina, generaron grandes tendencias en redes sociales que revelaron que los deportes contienen tensiones políticas que emergen de manera abrupta, en trazas de narrativas de odio en contra de mujeres, minorías y activistas sociales.
La presencia de ligas femeninas de soccer y hockey, por ejemplo, levanta una ámpula incómoda llena de comentarios misóginos hacia las jugadoras, árbitros y seguidoras que buscan segregar su presencia en el espacio digital. El trato de grandes figuras del deporte no es igual cuando se trata de mujeres compitiendo y arriesgando su integridad física. El caso de Lindsey Vonn, leyenda estadounidense del esquí alpino, demuestra cómo una competidora que toma un riesgo y falla en el intento, no es tratada de la misma manera que un varón cuando el desenlace de su competencia no es favorable.
Si comparamos el recibimiento en redes sociales del programa largo de Ilia Malinin con el accidente de Vonn, las reacciones son opuestas. El patinador artístico de los Estados Unidos tenía altas expectativas de realizar un Axel cuádruple, elemento que nunca se había intentado en una competencia de Juegos Olímpicos. Malinin falló su rutina larga, y no logró una posición dentro del medallero. De acuerdo con la plataforma de monitoreo Brand 24, las palabras que se relacionan con el patinador son “salud mental”, “héroe”, “valentía” y “juventud”; mientras que los términos que más se utilizaron para señalar a Vonn fueron “riesgo”, “mujer”, y “accidente”; además de mencionar reiteradamente la edad de la esquiadora.
Incluso Alysa Liu, patinadora ganadora medalla de oro en competencia individual y por equipos, recibió críticas de medios digitales rusos por no tener una “técnica estricta”, y supuestamente, lucir físicamente diferente al fenotipo de las patinadoras rusas. Amber Glenn, compañera de equipo de Liu y tres veces campeona nacional de los Estados Unidos, denunció acoso en sus redes sociales por mostrar descontento con el actual gobierno de su país y por identificarse dentro de la comunidad LGBTIQ+.
El trato entre atletas femeninas y varoniles en redes sociales definitivamente no es el mismo, y refleja las grandes desigualdades que aún acarrea el deporte en su conjunto. Karla Itzel García, árbitro mexicana de la Liga MX, ha denunciado en distintas ocasiones que sufre de acoso digital; en general, los “silbantes” reciben comentarios negativos en sus redes sociales por la naturaleza de su trabajo. Sin embargo, el hostigamiento que recibe García tiene tintes misóginos que asoman la expectativa de los roles de género en el soccer: las árbitras padecen narrativas como “vete a la cocina”, “las mujeres no sirven en el fútbol” y “solo deberían pitar en la liga femenil”.
Es verdad que las amenazas en contra de los árbitros son problemas comunes a los que se enfrentan los jueces de estas justas, pero las figuras femeninas reciben insultos relacionados con el género. Las críticas vienen desde narrativas condescendientes, que invalidan la igualdad de capacidades técnicas y físicas entre árbitros y árbitras. Este problema también lo asumen las comentaristas deportivas, quienes constantemente enfrentan críticas en redes sociales: sus conocimientos y profesionalismo debe “demostrarse” bajo los parámetros de la visión masculina. Esta presión separa el atractivo físico --que es mejor recibido en redes sociales--, de la experiencia y la asertividad técnica para narrar encuentros deportivos, que ha sido un oficio estereotípicamente masculino en medios de comunicación.
El conflicto por la legitimidad del discurso entre comentaristas de género femenino no tiene el mismo efecto para los varones: las comentaristas deben probar sus conocimientos a las audiencias deportivas mientras navegan entre comentarios desaprobatorios de origen machista. Los comentaristas de género masculino también reciben expresiones violentas por parte de usuarios de redes sociales, pero no anulan su experiencia profesional por motivos de género.
Este problema se complica aún más si las atletas y comentaristas tienen un perfil activista. La des legitimización de su discurso se refleja por medio de frases como “ella no me representa”, “exagera su versión”, “así es el deporte”, etcétera. De acuerdo con datos de Amnistía Internacional en 2024, 3 de cada 5 activistas de perfil juvenil reciben ciberacoso por expresar opiniones que defienden sus causas. La Universidad de Sheffield Hallam en el Reino Unido, publicó una investigación en 2025 donde revelaba que las atletas de género femenino no están debidamente protegidas por sus organizaciones deportivas. El estudio encontró que las deportistas reciben 19% más acoso cibernético que sus contrapartes masculinas. Es decir, se espera que al menos una quinta parte de las mujeres que compiten de manera profesional estén expuestas a la violencia digital.
Los temas sobre acoso y violencia digital diferenciada son todavía incipientes en México; el primer paso es reconocer la brecha de género que hace diferencias narrativas entre el trato que le dan los usuarios de plataformas digitales a las y los atletas de alto rendimiento. Antes de emitir una opinión desfavorable sobre los competidores, es responsable reconocer la posición de nuestras preferencias, solo para saber si estamos acostumbrados a consumir deportes únicamente de las ligas varoniles.