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¡Quiero ser una esposa tradicional!: un acercamiento a la desilusión contemporánea (Parte II)

2025-12-09
Lupita Mejía (Pluma invitada)*
Noticias

La escritora italo-estadounidense expone que el trabajo que se lleva a cabo en la esfera privada es vital para el capitalismo. Tanto por aportar más empleados a sus filas y también al perpetuar comportamientos de obediencia y disciplina que no lo cuestionen. El trabajo doméstico al igual que el obtenido fuera del hogar, agotan las energías de la mujer, uno no excluye al otro. Como consecuencia, el pensamiento que idealiza al ama de casa como individuo ajeno a la explotación o a la frustración se aleja de la realidad y evita problematizar la subordinación femenina en nombre del deber o el amor. Las influencers procuran no hacer referencia al desgaste experimentado al dedicarse al hogar, más bien  suelen curar su contenido digital para proyectarlo como una actividad serena y gratificante. 

A este respecto, las esposas tradicionales han logrado configurar una narrativa que niega el cansancio femenino y rehúye  a los cuestionamientos del trabajo hogareño como uno que merece ser reconocido por su dificultad. En cambio postulan a la figura masculina, sus cónyuges, como seres que sí viven una fatiga a causa del trabajo. Si bien el argumento lo defienden como parte de una dinámica saludable en el matrimonio, la realidad es que no es recíproco. Las influencers jamás muestran a sus parejas como partícipes de las labores domésticas, lo cual rechaza completamente el trabajo doméstico como actividad laboral que merece tener periodos de descanso y en cambio, graban los cuidados que ellas les proveen como parte de sus ocupaciones maritales y femeninas.

Con la utilización de diversos medios digitales este movimiento consigue insertarse en varias plataformas. Lo cual, permite hacer crecer su comunidad, así como obtenerganancias gracias a las interacciones y vistas que reciben. Para lograrlo con eficacia se emplean argumentos arcaicos y conocidos que apelan a la recuperación de la femineidad.De acuerdo con el filósofo francés Roland Barthes, la cultura contemporánea ha producido mitos que cargan consigo simbolismos y significados ampliamente aceptados. Mediante el libro Mitologías publicado en 1957, el escritor explica que estas narraciones dan un sentido a la realidad que no siempre es cuestionado.

De forma particular en los ensayos “La que ve claro” y “Novelas y niños” es posible comprender que el género ha sido partícipe de una configuración social y cultural. Debido a ello, la figura de la mujer se ha asociado con una imagen maternal y hogareña, reforzada por los medios de comunicación que la convencen de su rol social. En el primer ensayo Barthes hace un análisis de las llamadas consejeras del corazón, típicamente encontradas en revistas para mujeres las cuales fungen como asesoras modernas. Son ellas las encargadas de hacerle saber a quienes las leen, que la vida se ordena de una manera particular que debe ser respetada, en este caso, mediante la institución familiar y conyugal. 

“El matrimonio jurídico es la salvación, la resolución de la crisis. No importa que el hombre sea adúltero, seductor […] el matrimonio como contrato social de apropiación siempre resulta la panacea.” La cuestión, entonces, no se ha visto modificada de gran manera. En la actualidad estas mentoras femeninas poseen cuentas digitales que les proporcionan mayor alcance, sin embargo, el asesoramiento que dan a todas aquellas en busca de consuelo es el mismo que describe el autor. Con el escrito “Novelas y niños” el mito de la mujer como ser destinado a la maternidad se detalla al puntualizar que la incorporación al mundo laboral está siempre supeditado a que en algún momento lo abandone para convertirse en madre. 

La propia condición femenina les impone dar a luz, ya que de lo contrario puede pensarse que su existencia no es relevante. Los logros laborales como meros reconocimientos transitorios, pero los hijos como el trofeo verdadero. En este sentido, es posible comprender que aquel mito femenino no ha sido derrocado. Al considerarse un deber a cumplir que además proporciona un propósito y sentido a la vida, la maternidad forma ya parte del ciberespacio como retórica que avala a las esposas tradicionales. Aceptar narrativas que hacen de la mujer un ser obligado a la voluntad del otro sin cuestionarlo es dejar que los mitos que menciona Barthes, sean considerados verdades universales y no como parte de estructuras y sistemas culturales. 

De esta manera, la mujer dentro del sistema capitalista es vista como un objeto a explotar, utilizar y del cual se constituyen mitos culturales que la someten. Tanto así que lo vive en el espacio público y privado el cual le ha representado una doble jornada de actividades y cansancio. Por ello es inútil pensar que movimientos sociales como el feminismo poseen la culpa de su vacío existencial y angustia. Más bien, es preciso soñarcon nuevas formas de vida que evadan la neutralidad y aceptación de prácticas culturales que refuerzan ideales conforme al género. Si las esposas tradicionales surgen como narrativa de inconformidad social e identitaria, puede que la solución se encuentre en repensar las prácticas culturales que en primer lugar las causaron. 

La humanidad se encuentra ante las puertas de un destino que le llama, uno donde mujeres y hombres participen de manera equitativa en la esfera privada y no bajo una etiqueta de destino biológico. Además de colaborar en la creación de un mundo más justo, igualitario y habitable. Pensar, entonces, en las estructuras sociales como sistemas que requieren cambiar y no mantenerse en la permanencia estática del pasado.

 

*Comunicóloga por el Tecnológico de Monterrey y maestra en Letras por la Universitat de Barcelona. Actualmente es doctorante en Humanidades por la Universidad Anáhuac, se especializa en temas de literatura y género.

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