En la madrugada del segundo día del año, el repliegue de tropas norteamericanas en Caracas a la par de un bombardeo en la capital venezolana, terminaron con la captura de Nicolás Maduro, extraditado a Nueva York a ser juzgado por narcotráfico. Varias horas antes de lo ocurrido, usuarios de Internet reportaron el inusual movimiento en los comercios de comida rápida cercanos al pentágono, delatando la maniobra bélica. Se trata del fenómeno del Pizza Index.
El fenómeno del Pizza Index surgió en los años noventa, cuando un grupo de reporteros notó que había una relación directa entre los pedidos de pizza y el Departamento de Defensa tanteando alguna movida de impacto global o transmitiendo una postura en cadena nacional (Deccan Chronicle). La llamativa frecuencia se observó poco antes de que se declarara el fin de la Guerra Fría, así como en momentos de fricción durante la Guerra del Golfo Pérsico, o aquel plazo de cuatro días en diciembre de 1998 en el que el entonces presidente Bill Clinton ordenó el bombardeo de Irak, buscando ralentizar la producción de armas en el país, mientras el Congreso afinaba los detalles del impeachment, comunicado el día 19 ante la irreparable y degradada figura política de Clinton por el escándalo Lewinsky.
Cabe resaltar que estas mediciones, además de surgir desde la curiosidad del público, prescinden de fuentes de autoridad, entrevistas exclusivas o recopilaciones de prensa para trazar un camino que explique el accionar ejecutivo. Todo lo contrario: no existe información de primera mano, no se conceden entrevistas y se busca esquivar a la prensa —que pudiese entorpecer el movimiento— a como dé lugar. Es aquí donde entran las mediciones digitales: la afluencia en tiempo real en Google Maps, las reseñas de Google, los despegues, aterrizajes y sobrevuelos de naves de entidades del Estado, a disposición del público para su seguimiento mediante aplicaciones gratuitas (FlightRadar24, Airfleets, ADS-B Exchange) que, además de su utilidad para monitorear vuelos comerciales, sostienen un trazado en directo de las rutas, ascensos y descensos de aeroplanos de dominio estatal.
Además del pico regresivo al alza en los reportes de ventas de las pizzerías el segundo día de este año, resaltó que la demanda de comida rápida no fue una simple anomalía que discrepó con el horario de la cena en un único local, sino que representó un alza correlativa en varios establecimientos de la zona, levantando las cejas de los aficionados al OSINT y siendo rápidamente amplificado en redes sociales: “Very high traffic at various pizzerias nearby the Pentagon for lunch today” [Publicación en X, PenPizzaReport]. (s. f.).
Y es que el valor mismo de la investigación de datos de fuentes abiertas radica en la disponibilidad absoluta que las personas tienen hoy en día para construir hechos difusos, anteponerse a la fabricación de verdades, desmentir al oficialismo y revelar motivaciones con intención de permanecer ocultas. El OSINT no requiere equipo de última tecnología, spywares clandestinos de licencia ni el cúmulo de testimonios ad populum para cimentar una investigación tan abierta y transparente como lo es el mapeo imborrable que el usuario deja registrado con su huella digital.
La red de investigación periodística Bellingcat es otro ejemplo del acercamiento a la verdad por medio del planteamiento de preguntas asertivas y respaldadas por la investigación creativa y, eso sí, paciente (muy paciente) de construir una historia con los vestigios de quienes la componen. Cabe resaltar que Bellingcat se identifica como “un colectivo de investigación independiente, investigadores y periodistas ciudadanos reunidos por la pasión por la investigación de fuentes abiertas” [Bellingcat, (s. f.), Who we are], y que, a su vez, comienzan sus talleres introduciendo a sus ponentes —entre los que destacan ingenieros mecánicos, internacionalistas enfocados en crimen organizado y criminólogos de renombre académico, por mencionar algunos—, dejando claro que ninguno es periodista. Proceden con este preámbulo a educar a periodistas de prensa consolidada en las herramientas, procedimientos y metodología de fuente abierta que permite no solo verificar hechos, sino construirlos con las pocas migajas que resultan suficientes.
Existía en los Países Bajos una verdad a puerta cerrada que señalaba, sin pruebas localizables más que documentos filtrados, que Estados Unidos almacenaba armamento nuclear en el país europeo. Una exhaustiva investigación de meses por parte de Bellingcat materializó esa verdad que yacía en el inconsciente colectivo, uniendo la huella digital que los soldados dejaban y que, en ese caso tan particular, provino de un estudio colectivo del plantel de la base de Volkel, quienes utilizaron Quizlet, un sitio web popular para guías de estudio que requiere una cuenta para su uso. Las preguntas de estudio versaban sobre la ubicación y el número de armas nucleares en la base militar de Volkel. Asimismo, por medio de la aplicación móvil Strava, popular para delimitar y compartir recorridos físicos cuantificables y trazados en ruta GPS, Bellingcat unió la información de las guías con el perímetro de la base militar, hilando finalmente las posibles bóvedas mediante imágenes satelitales de Google Earth (Postma, F., Bellingcat, 2021).
Otros ejemplos sólidos de investigación ciudadana de fuentes abiertas son el sitio https://deepstatemap.live/en, de seguimiento en tiempo real, que permite esclarecer el despliegue táctico entre Rusia y Ucrania, así como el trabajo de OSINT Latam en conjunto con la Asociación Civil Missing Children para hallar menores de edad extraviados en Argentina (Infobae, 2019). DeepStateMap puede consultarse minuto a minuto: líneas de frente (avance y retroceso), mapas de calor que sugieren ataques, imágenes de drones, infraestructura y posición solar —medible por sombras— para geolocalizar desplantes y contrastarlos con los reservados comunicados oficiales y el derroche de desinformación que abunda en redes y que, de por sí, ya es difícil de esclarecer, a lo que hay que sumar los deepfakes, cada vez de mayor calidad. El caso de Argentina fue un llamado al público, una convocatoria para encontrar a diez menores a partir de datos disponibles públicamente en internet (contactos, fotos, actividades, amistades o ubicaciones). Este caso se apoyó en el público para recabar cuanta información fuera posible, destinada después al esfuerzo sinérgico de las organizaciones que hicieron el llamado, formando un precedente de amplia data que iniciaría una investigación acumulativa a largo plazo.
Casos como la captura de Maduro o las investigaciones OSINT no convierten al ciudadano en espía, pero sí lo sacan del lugar más cómodo —y más riesgoso—: el del espectador pasivo de las noticias nocturnas. Cuando las huellas abiertas —tráfico anómalo, documentos públicos, imágenes satelitales, rastros digitales— pueden ser leídas, contrastadas y contextualizadas por cualquiera, la información deja de ser un relato cerrado y se vuelve un ejercicio crítico. El usuario ya no consume hechos empaquetados: los examina. Y en ese gesto, discreto pero decisivo, se desplaza el poder de interpretar la realidad.
*Patricio Acevedo Vinci es Maestro en estudios de medios por parte de la universidad Eötvös Loránd de Budapest. Las opiniones expresadas en este espacio corresponden exclusivamente al autor.