Drew Lichtenberg, dramaturgo en la Compañía de Teatro Shakespeare dice que la Inteligencia Artificial es un “falso espejo”. Luego, remata: “refleja y responde preguntas como blanco o negro, pero poco hace para explicar la experiencia humana como lo pueden hacer el arte o la filosofía.
Y es que la Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido, para muchos, en el medio y fin en gran parte de su vida diaria. Nos ahorramos muchos clics, minutos de lectura y sobremesa, con el único fin de automatizar nuestras vidas y dotarlas de un sentido tecnológico en distintos rubros. Si hay un debate, recurrimos a algún agente para “conocer su punto de vista”. Si hay que redactar un informe, reporte o correo electrónico, repetimos la operación. Así, tareas que antes nos hacían cuestionarnos sobre temas éticos, e incluso de forma, hoy son tareas automáticas que se realizan en cuestión de segundos.
En temas humanistas, como el periodismo, hoy es muy común encontrar un denominador: cabezas similares en las que solo se cambia sujeto pero se mantiene el verbo, estructuras muy mecánicas y sin espacio para una opinión, ya sea sesgada o no.
Sin embargo, poco a poco los mismos usuarios se quejan sobre el exagerado uso de Inteligencia Artificial, por ejemplo, en redacción de contenido para redes sociodigitiales o incluso notas periodísticas.
Para entender un poco más el termómetro social y cultural de la adopción de los retos a corto, mediano y largo plazos de la IA, el Centro Humanista de Inteligencia de Inteligencia Artificial de la Universidad de Stanford publicó el Reporte Índice de Inteligencia Artificial 2026.
Mucho avance, poca confianza
En el Índice de Inteligencia Artificial, investigadores encontraron que solo el 31% de los estadounidenses confía en que el gobierno regulará de manera responsable la IA, comparado con el 54% de la confianza que hay en los países del sudeste asiático.
Ese porcentaje es resultado de una encuesta realizada en 30 países por Ipsos y Google, México incluido, donde poco más del 70% de los entrevistados cree que la IA tendrá más beneficios que retrocesos. También, al 54% los “pone nerviosos” todos los productos y servicios que utilizan Inteligencia Artificial.
Hay dos datos llamativos: para el 74% esos mismos productos y servicios que causan nerviosismo cambiaron “profundamente” su vida en los últimos cinco años y un 80% cree que tendrán el mismo efecto de cambio en un lapso de tiempo similar.
En contraparte, el 59% confía que las compañías que utilizan IA cuidarán sus datos personales.
¿La IA mejorará mi vida?
Quiźa esa sea una de las preguntas más recurrentes cuando hablamos de Inteligencia Artificial. Y aunque la respuesta puede ser ambigua y subjetiva, hay datos que nos ayudan a entender su verdadera magnitud.
En el Reporte de Inteligencia Artificial 2026 de Stanford se midió algo que comienza a dejar de ser subjetivo: ¿la IA mejorará la vida en mi país? El resultado de esa pregunta en México reveló que:
- El 43% cree que la economía mejorará.
- Un 45% que el mercado laboral presentará avances positivos. A esta cifra hay que agregarle que un 64% está convencido que se crearán nuevas fuentes de empleo y maneras de trabajar, mientras que 36% no duda en que la IA también será la responsable de la eliminación de empleos.
- 62% considera que el tiempo que “toma hacer las cosas mejorará”.
- 50% piensa que su salud mejorará gracias a la IA.
Sin embargo, el 39% está seguro que la Inteligencia Artificial potenciará la cantidad de desinformación disponible en Internet.
Este Reporte nos da un punto de partida para entender que la gente cada vez comprende (mos) mejor los impactos, tanto negativos como positivos de la Inteligencia Artificial en nuestras vidas. Y partiendo desde un punto de vista humanista, quiźa una de las grandes preocupaciones sea el cuidado de nuestros datos personales, así como las regulaciones que se establezcan en torno a ella.
Tal y como lo planteó el Papa León XIV en su encíclica Sobre la Custodia Humana en Tiempos de Inteligencia Artificial, la tecnología “adopta el rostro de quienes la conciben, la financian, la regulan y la utilizan”. Una pregunta donde incluso una institución como la Iglesia Católica ha puesto sobre el escritorio. Como usuarios nos tocará responder y, tal vez, hacer un contrapeso para moldear el tipo de Inteligencia Artificial que queremos producir y consumir.