En muchas ocasiones escuchamos decir que a la gente no “le interesa la política”, o que no “le gusta”. Sin embargo, todo es política, queramos o no, siempre estamos “invadidos” en el sentido de vivir sus consecuencias, o involucrados en ella, al ser parte de un Estado y ahí encontrar nuestro espacio de desarrollo, regidos por leyes, normas y reglas.
No olvidemos que su etimología hace referencia a lo relativo a la Polis, esa entidad que representaba a la Ciudad-Estado en la Antigua Grecia, en la cual los ciudadanos tenían derechos y obligaciones y que para Aristóteles era el espacio en donde “se desarrolla la vida”. En este sentido, lo relativo a la Polis, es ahora lo relacionado con lo que sucede en el Estado del cual formamos parte, sea del ámbito económico, político o social, por lo que cualquier situación nos incumbe y nos afecta de forma directa o indirecta y en el tema que hoy nos ocupa no es la excepción.
En los tiempos que corren y a lo largo de la historia, hemos sido testigos de cómo los gobiernos, sin importar de cuál se trate, han tendido al intervencionismo, entendido, a grandes rasgos y de forma simple y reduccionista, como la participación de los gobiernos en asuntos de la sociedad civil (RAE, 2026) a pesar de todos aquellos Tratados, como lo es la Carta de las Naciones Unidas (ONU, 1945), o Acuerdos como las múltiples resoluciones de la ONU que se hayan firmado con anterioridad en aras de limitarlos.
Hay muchos ejemplos de intervencionismo, aunque este puede clasificarse según el área en la que tenga lugar, y las teorías intervencionistas se centren principalmente en el bienestar económico de un país. No obstante, encontramos también las intervenciones militares, en “beneficio” de la población, como ejemplo de otro tipo de intervención.
En ese sentido, ese intervencionismo había estado orientado, por lo general, a asuntos de carácter económico y de relaciones exteriores, donde destacan, en los últimos años, los relativos a las prácticas ilegales de venta de estupefacientes en América Latina, en Venezuela y México, en particular, o el caso de Hamás, en Medio Oriente, no se diga del caso de Rusia en Ucrania, por mencionar algunos.
No obstante, múltiples son los asuntos en los que un Estado se ve involucrado, entre ellos los del entretenimiento y el deporte. Es por ello que la intervención, entendida en su sentido más amplio, a la cual nos referimos ahora, es en el ámbito deportivo, que, si bien dista en sentido estricto de los Tratados mencionados y de la forma de entender el intervencionismo, como el no involucramiento en determinadas decisiones de parte de un Estado, respetando su soberanía y su autodeterminación, el principio es el mismo: que los gobiernos no se involucren en decisiones de la sociedad civil.
Y en esta ocasión nos referimos al Mundial y a un partido en concreto: el que se celebró entre Bélgica y Estados Unidos, el pasado 6 de julio, para el cual el Presidente Trump solicitó la revisión de la tarjeta roja de expulsión de uno de los principales jugadores de Estados Unidos, el delantero Folarin Balogun (Agencia EFE, 2026), acción completamente ajena al rol del Presidente de uno de los países más poderosos del mundo.
Sin embargo, esa revisión desembocó en otorgar el permiso al jugador para participar en dicho partido, de acuerdo al artículo 27 del Código Disciplinario del Comité de la FIFA (ESPN, 2026). Y aunque el resultado de esa petición pareciera ser el centro de atención, no perdamos de vista el rol ejercido por el Presidente Trump; un acto minimalista, pero con resultados derivados de su intervención, ante la decisión del Comité. Hecho que no se detiene en el permiso otorgado al jugador, pues, independientemente de ello, el resultado del partido dejó fuera a la selección estadounidense.
Lo relevante de su actuar y la atención deben enfocarse no únicamente en ese hecho, sino que, derivado de ello, la selección de Inglaterra también considera la apelación de la tarjeta roja de Jarell Quansah en el partido ante México (ESPN, 2026) y, a su vez, Francia confirmó la apelación de sus tarjetas amarillas (ESPN, 2026).
Esto no es más que el ejemplo de una reacción en cadena de lo que una intervención “inofensiva” puede, como bola de nieve, provocar, donde las apelaciones ponen en tela de juicio las reglas establecidas, cuestionamiento que surge a pesar de haber sido instauradas décadas atrás y, sobre todo, respetadas con anterioridad. ¿Hasta dónde debe entonces llegar La Política o permitirle involucrarse, hasta devenir el eje de la toma de decisiones, en cualquier esfera?
Esa acción da pie a cuestionar el rol de los líderes políticos, la separación entre los distintos ámbitos y el papel del gobierno, así como su alcance en esferas que debieran permanecer inmunes, como el deporte. Sin embargo, lo ocurrido después de la petición del Presidente Trump, no es más que una muestra de que, en cualquier Estado, se hable de relaciones internacionales, geopolítica, economía, religión o deportes, todo es política.
Referencias:
Agencia EFE (2026). https://www.youtube.com/shorts/hU85yywlUVg
Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) (2026).
ESPN (2026).
https://www.espn.com.mx/futbol/mundial/nota/_/id/16967997/inglaterra-francia-apelar-fifa-mundial-2026-amonestaciones-expulsiones
Organización de las Naciones Unidas. Carta de las Naciones Unidas. https://www.un.org/es/about-us/un-charte