En esta ocasión no queremos dejar pasar la oportunidad de rendir homenaje y hablar de Jürgen Habermas, reconocido filósofo y sociólogo alemán de la Escuela de Frankfurt, quien falleció el pasado 14 de marzo, y hacer referencia a algunos de sus postulados, dada su relevancia en el actuar y devenir contemporáneos, tanto nacional, como internacional.
Si bien su trabajo se centró en la teoría política y social, también en el ámbito de la comunicación, su aportación y sus conocimientos resultan relevantes. Una de sus obras destacadas, si no la más significativa, es la Teoría de la acción comunicativa (1987), que plantea el reforzamiento de la convivencia social y política en pro de la democracia, sobre la base de la comunicación y el debate razonados. Ello permite cuestionarnos el lugar al que ha sido relegado el rol del diálogo en las relaciones sociales, que impera en esa obra, en una época en la que los conflictos, sobre todo bélicos, debieran estar en segundo plano, y en la que, en este caso, los países pudieran resolver de forma satisfactoria cualquier diferencia por medio del razonamiento de sus mandatarios. No obstante, en los últimos cuatro años hemos sido testigos de cómo el panorama internacional de cordialidad y paz se ha desdibujado ante la violencia cada vez más creciente en diversas zonas geográficas, ya sea por cuestiones estratégicas de geopolítica y recursos o por otras que sólo quienes inician las guerras entienden. Pero unas, con constantes conflictos bélicos a lo largo de la historia, como es el caso de Irak e Irán, y otras, como Ucrania, atraviesan una guerra que pareciera no tener fin.
¿Dónde quedó, en todos estos casos, la acción comunicativa de la que habla Habermas, en busca del entendimiento mutuo? Al parecer, se desdibuja ante la inmediatez de los posibles resultados, en los que prevalece la razón instrumental, es decir, aquella que busca la aparente eficiencia y, sobre todo, el éxito personal. Ejemplos que avalan lo dicho son la narrativa sobre la intervención en Venezuela e Irán, la postura de Irak, las declaraciones en relación con Groenlandia o Cuba y las razones de cada una de las acciones que involucran a estos países.
Se ha desdibujado la acción comunicativa por la falta de diálogo entre las partes, la cual, de acuerdo con Habermas, debería caracterizarse por transmitir hechos ciertos, adecuados socialmente y por la sinceridad de quien los transmite. Ello no solo es observable en el plano internacional sino también en el nacional, en el que la narrativa de los sistemas (Estado y mercado) también funciona con la razón instrumental, desde hacer referencia al crecimiento de la economía, pasando por las cifras de inseguridad hasta en hechos como el incendio de la Refinería Dos Bocas o los ofrecimientos de campaña, que, en cualquier Sistema, son eso, retórica instrumental, resultando en marchas, cierres, descontento poblacional. Ello demuestra que la razón instrumental no es la que debe prevalecer ni la que necesariamente contribuirá a mejorar las diversas situaciones; es solo una salida “de paso”, pero no de fondo que refleje eficacia, sino, por el contrario, que altera y afecta de forma negativa “el mundo de la vida” (Habermas, 1987); el cotidiano, compuesto por valores, normas, hábitos en sus relaciones sociales del día a día.
Esta forma de “diálogo” que muchas veces queda en monólogo, cada vez más presente en todo el mundo, no solo demerita la comunicación verdadera, sino también la base de ella, que son las relaciones sociales, debilitando los propios sistemas en los que ocurre de forma cotidiana, con efectos directos en la cohesión social. El avance de la tecnología y la propagación de las redes sociales también son medios por los cuales el debate razonado queda de lado para dar paso, en múltiples ocasiones, a la polarización que, más que aludir a la razón, encuentra su origen en el sentimiento. Estas prácticas conllevan inestabilidad, incertidumbre, disociación de la realidad y la fragilización del Estado en su conjunto.
En una época en la que la información se produce a cada instante, se origina en múltiples fuentes, se tergiversa, no siempre es efectiva ni veraz y, en muchas ocasiones, se manipula de forma consciente para incluso desinformar, el desarrollo de ideas fundamentadas es imprescindible para la acción comunicativa, que permita una visión holística del mundo, que también dé pie al consenso frente al disenso, al desarrollo de relaciones interpersonales a partir del entendimiento entre las partes, en donde la ética discursiva, orientada a la justicia de las relaciones sociales (Habermas, 1987) permita actuar en pro del bien común.
Referencias:
Habermas, J. (1987). La Teoría de la acción comunicativa I y II. Taurus.