El pasado 24 de abril que se volvió viral el reto “Tiroteo mañana”, reportado por varios medios de comunicación. Un caso más de desinformación que incitó a jóvenes de escuelas secundarias de 15 estados del país a alertar sobre un supuesto acto criminal.
¿Por qué alguien alertaría sobre una mentira, haciéndola pasar por un hecho real, con gran impacto social, en el sentido de una afectación sociopsicológica masiva de jóvenes, en un entorno donde la inseguridad impera en los últimos años e incluso se le ha normalizado?
¿Es, acaso, una forma de aterrorizar a los demás o simplemente un reflejo de la rutinización de la violencia que se vive, que permite retos en los que no se mide ni se reflexiona sobre las implicaciones que puede tener un acto tal, en forma de “juegos”, que en otro momento se leerían incluso como terrorismo?
Este caso merece la atención al considerar que, por un lado, es un ejemplo de cómo la mentira se materializó y pasó de la virtualidad de los medios digitales, en donde son frecuentes “los retos” que, en varias ocasiones, han incluso generado la muerte de los participantes, a hechos más tangibles, directamente observables, convirtiéndose en algo concreto en las paredes de escuelas secundarias, lo que le imprimió una mayor fuerza de veracidad. De esta manera, la veracidad y la mentira se entremezclan en la encrucijada entre la moralidad y la racionalidad.
Entonces, ¿qué es más poderoso: la mentira o la verdad? ¿El sentido común o su ausencia, al participar en actos como el mencionado, que, sin importar, dejan de lado los valores y fomentan un falso sentido de “comunidad”, al replicarlos? La difusión de este acto, que llegó a casi la mitad del país, pone en tela de juicio el propio hecho de la desinformación que desensibiliza e interfiere con la práctica ciudadana que debiera ejercerse en pro del bien común.
La verdad, nuevamente, se vio empañada ante la viralidad de acciones que, sin importar el grado de moralidad posible, dan paso no solo a su difusión, sino también a lo que incluso resulta irracional cuando se enfrentan situaciones que pueden ser totalmente ciertas.
Es aquí donde reflexionamos sobre la falta de cuestionamiento de la sociedad respecto de su rol, la importancia de la mentira frente a la verdad y los valores que imperan. Es importante hacer un alto y recordar qué tipo de sociedad queremos y que no debemos ser parte de una que replica el engaño; enfrentarla ante “retos” perjudiciales, sin permitir su difusión ni ser parte de ellos.
Debemos tener claro que la desinformación es perjudicial para la sociedad; la desinformación frena, inmoviliza, por su carácter manipulador y debemos empezar a actuar para limitarla.