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IA y regulación

Del nacimiento de la Inteligencia artificial a la necesidad de su regulación

2026-09-07
Gabriela Palavicini
Noticias

En días pasado, la Unión Europea manifestó que tanto Chat GPT como Roblox y Reddit quedarán bajo estrictas reglas, al presentar más de 45 millones de usuarios mensuales en promedio, lo que las vuelve objeto del Acta de Servicios Digitales” (Schumacher, E. 2026). Esto los obliga a “mitigar riesgos potenciales relacionados con contenido ilegal, protección de menores y la salud mental de los usuarios” (Schumacher, E. 2026). De esta forma, Chat GPT se convierte en el primer chatbot bajo la regulación de Servicios Digitales.

La inteligencia artificial, mejor conocida como IA, ha acaparado la atención de usuarios, empleadores, gobiernos y empresas en todo el mundo. Sin embargo, no es algo nuevo, aunque así se crea. La IA tiene su origen, como tal, en la década de los años 40 (Diplo, 2025) cuando se empezaron a desarrollar los primeros modelos matemáticos basados en neuronas biológicas. Una década después, en los años 50, Alan Turing (1950) publicó el artículo "Computing Machinery and Intelligence" y propuso el famoso Test de Turing como criterio para evaluar el comportamiento inteligente de una máquina. En 1956, la Inteligencia Artificial nace formalmente durante la conferencia de Dartmouth como un campo científico.

Desde entonces, su desarrollo fue paulatino. No obstante, el inicio de este nuevo siglo ha estado marcado, entre otras cosas, por lo que pareciera ser el boom de este fenómeno, que ha penetrado en todas las sociedades, con implicaciones directas en todos los ámbitos: sanitario, económico, financiero, ambiental, educativo, por mencionar algunos.

En 2012, el aprendizaje profundo, mejor conocido como Deep learning dio paso a generación de voz y lenguaje natural para así llegar a 2022, año en que su penetración fue innegable, similar a lo que vivimos con internet. En 2026, con la propagación de innumerables herramientas como Chat GPT, DALL-E, BARD, hoy Gemini, por ejemplo, la IA generativa promete lo inimaginable en materia de asistencia del ser humano en sus labores tanto cotidianas como profesionales, por medio incluso de la creación de agentes. 70 años después de aquella Conferencia en la que se delinearon las posibilidades de la IA, enfrentamos la necesidad de regular el uso de estas herramientas.

Como todo, la IA tiene sus ventajas y desventajas, y a lo largo del tiempo hemos atestiguado cómo el ámbito digital ha traspasado la frontera de la virtualidad para manifestarse como parte de la realidad de los usuarios; se ha visto en las consecuencias de su uso frecuente en redes sociales, como ansiedad, depresión y ahora en las herramientas en las que la IA conversa “amistosamente” con una persona, quien ya ha incurrido, incluso en casos de suicidio (2025).

De ahí que también Roblox, una plataforma para crear juegos, aunque más usada para jugar que para desarrollarlos, sea objeto de esta regulación, dado el uso que hacen los menores y la necesidad de proteger su identidad y privacidad, e incluso de evitar el acoso.

Si bien es cierto que la IA irrumpió intempestivamente en los últimos años, el uso de las herramientas, así como lo que estas permiten al usuario, debe estar bajo estricta vigilancia regulatoria para “frecuentar” espacios seguros y confiables en los que los desarrolladores cuiden de la persona.

La cantidad de consumidores es un indicador, pero, independientemente de ello, el uso mismo obliga a tomar medidas para establecer reglas y criterios que eviten la suplantación de identidad; ya se ha visto en la generación de voz que, si bien puede ser útil para ciertas actividades, también afecta a quienes trabajan en doblaje y ya ha empezado a ser regulada.

 La protección de la privacidad es un elemento más que debe considerarse, así como evitar la vulneración de los derechos, y un aspecto de suma relevancia es la consideración de la responsabilidad en su creación, donde interviene el aspecto ético.

Los avances de la IA abren la puerta a más cuestionamientos y a una reflexión individual sobre su uso. A preguntarnos y a exigir que, como en la vida real, todos somos sujetos de derecho, exista también un marco legal que permita establecer límites y rendir cuentas por los posibles errores que pueda cometer la IA, por ejemplo, en los ámbitos médico, financiero e incluso de entretenimiento.

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