La alfabetización mediática e informacional ha evolucionado significativamente desde sus inicios, enfrentando obstáculos políticos e ideológicos. Sin embargo, sigue siendo una herramienta esencial para combatir la desinformación y fomentar el pensamiento crítico. En la conferencia “Reconsiderando a Clyde Miller y el IPA”, que se llevó a cabo el pasado 15 de noviembre en Nueva York, los expertos coincidieron: “En un mundo donde la saturación informativa es la norma, educar a las nuevas generaciones para analizar y cuestionar los medios es más relevante que nunca”.
Los panelistas Lauri Johnson (Boston College), Ryan Abt, Renee Hobbs y Michael Schudson (Columbia University), mostraron cómo la alfabetización mediática busca enseñar a los estudiantes a analizar, interpretar y cuestionar los mensajes que reciben a través de los medios de comunicación. Desde anuncios publicitarios hasta películas y noticias, esta práctica ayuda a identificar sesgos, técnicas de persuasión y prejuicios en los contenidos mediáticos.
En la década de 1930, Clyde Miller, profesor de Teachers College, introdujo el análisis de propaganda en las aulas. Los estudiantes aprendían a evaluar mensajes propagandísticos y a distinguir hechos de desinformación, promoviendo una ciudadanía informada en tiempos de crisis como la Segunda Guerra Mundial. Actividades como la creación de "scrapbooks" de propaganda o la comparación de artículos de diferentes periódicos eran comunes en esta etapa.
Durante los años 40, las películas educativas jugaron un papel clave en la enseñanza de valores democráticos y sociales. Estas películas, junto con guías de estudio, enseñaban a los estudiantes a reflexionar sobre los estereotipos, las narrativas y los mensajes subyacentes en las películas de Hollywood y otros medios. Esta era también introdujo el concepto de "educar para la democracia", vinculando el análisis mediático con la formación ciudadana.
Resistencia y desafíos
Las iniciativas enfrentaron críticas de sectores conservadores, que las asociaron con ideologías comunistas. En Los Ángeles, por ejemplo, los programas de UNESCO diseñados para fomentar la ciudadanía global y la paz fueron desmantelados debido a presiones políticas. Este rechazo reflejó las tensiones ideológicas de la época y limitó el alcance de la alfabetización mediática en las escuelas.
En los años 60, surgió un nuevo interés por la alfabetización mediática, especialmente en la televisión y la publicidad. Proyectos como los estudios del Consejo Nacional de Maestros de Inglés abordaron temas como los mitos estadounidenses representados en programas populares, marcando el inicio de un enfoque más estructurado en la crítica mediática.
Los maestros observaron respuestas diversas entre los estudiantes. Mientras algunos valoraban las actividades de análisis y apreciaban las herramientas críticas que adquirían, otros “se mostraban escépticos o cínicos hacia los medios”. Sin embargo, estas iniciativas ayudaron a formar ciudadanos más conscientes y críticos, preparados para navegar en un entorno mediático complejo.
El panel titulado “Políticas y el IPA”, presidido por Victor Pickard, Jelani Cobb (Director de la Escuela de Periodismo de Columbia University), Silke Graf y and Lars Reinking (University of Wuerzberg, Alemania) y Jeff Pooley, exploró los vínculos históricos y contemporáneos entre la alfabetización mediática, la propaganda y la resistencia frente a regímenes autoritarios. Los participantes analizaron ejemplos desde la década de 1930 hasta la actualidad, destacando cómo la educación y los medios han sido herramientas clave tanto para la manipulación como para la democratización.
Durante la Primera Guerra Mundial, el Comité Creel y figuras como Walter Lippmann destacaron la importancia de moldear la opinión pública a través de los medios. Este enfoque influyó en la profesionalización del periodismo y la educación mediática.
En la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, los estudios de comunicación evolucionaron hacia el diseño de campañas propagandísticas, incluyendo el refuerzo de la “moral nacional” y la promoción de propaganda en el extranjero.
En Alemania, Adolf Reichwein promovió enfoques educativos progresistas y de resistencia a la propaganda nazi en la década de 1930. A pesar de enfrentar restricciones crecientes, utilizó la educación para fomentar el pensamiento crítico y los valores democráticos.
Su trabajo culminó en esfuerzos de contrarresistencia, como el desarrollo de material educativo crítico y su participación en el círculo de resistencia a los nazis. Lamentablemente, fue ejecutado en 1944, pero su legado perdura en Alemania, donde su nombre es honrado en varias escuelas.
Fascismo y comunicación
El panel señaló paralelismos entre la propaganda fascista en Europa y las narrativas de superioridad racial en Estados Unidos, ejemplificadas por películas como Birth of a Nation. Se discutió cómo los medios modernos han amplificado estas ideas y cómo la alfabetización mediática puede contrarrestarlas.
En la actualidad, los estudios sobre desinformación y censura enfrentan crecientes presiones políticas. De acuerdo con los expertos, los investigadores han sido objeto de citaciones legales y ataques a sus programas, lo que refleja una tendencia hacia la polarización y la supresión de voces críticas.
Asimismo, se abordaron los riesgos de tendencias autoritarias en Estados Unidos, incluyendo políticas que buscan limitar el acceso a información y criminalizar ciertas actividades investigativas. Estas dinámicas recuerdan los patrones de censura y represión vistos durante la era McCarthy.
En ese sentido, los panelistas destacaron la importancia de revitalizar la alfabetización mediática como una herramienta para fortalecer la democracia. Esto incluye fomentar comunidades de aprendizaje que integren enfoques históricos y contemporáneos para educar a las nuevas generaciones sobre el pensamiento crítico y el análisis mediático.
“La alfabetización mediática es un puente esencial entre el pasado y el presente, ofreciendo lecciones sobre cómo los medios pueden ser utilizados tanto para oprimir como para empoderar”, aseguraron. En un contexto global cada vez más polarizado, la educación mediática debe ser una prioridad para contrarrestar la desinformación, promover la democracia y formar ciudadanos críticos.