Con el fin de conversar sobre el legado del Instituto de Análisis de Propaganda (IPA, por sus siglas en inglés), uno de los precursores del movimiento de alfabetización mediática actual, establecido en 1937 en el Teachers College de la Columbia University, se llevó a cabo el pasado 15 de noviembre la conferencia “Reconsiderando a Clyde Miller y el IPA”, en la CU, en Nueva York.
Esta conferencia evaluó la trayectoria, el contexto y el legado del fundador del IPA, Clyde R. Miller, particularmente a la luz del renovado interés en “las consecuencias de la economía política de la desinformación en línea y los ataques a los investigadores”.
“En un mundo inundado de información y desinformación, reflexionar sobre cómo enfrentamos los desafíos de la propaganda es más relevante que nunca”, aseguró Anya Schiffrin, Directora de la especialización en Tecnología, Medios y Comunicaciones de la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Columbia y organizadora del encuentro.
De acuerdo con los investigadores y académicos Elisabeth Fondren, (St. John´s University), David Greenberg (Rutgers University), AJ Bauer y David B. Woolner (Marist College), en el siglo XXI, las lecciones del IPA son más pertinentes que nunca.
“En un contexto donde la desinformación viaja a la velocidad de la luz gracias a las redes sociales, los principios de análisis crítico que promovió el IPA pueden ayudar a las personas a distinguir entre información veraz y manipuladora”, aseguraron. Sin embargo, los expertos destacaron que no basta con enseñar a las personas a "analizar propaganda". También es necesario comprender los valores e intereses que llevan a las personas a aceptar ciertos discursos, incluso cuando hay evidencia que los contradice.
A decir de los académicos participantes, la alfabetización mediática debe ocupar un lugar central en los sistemas educativos modernos. "El problema no es la propaganda, sino el monopolio de la misma". Promover un debate informado y diverso es esencial para fortalecer la democracia.
El origen de un proyecto visionario
El IPA nació en un contexto histórico marcado por la proliferación de propaganda autoritaria, como la nazi, y por la necesidad de defender los valores democráticos. Liderado por Clyde Miller y respaldado por figuras como Edward Filene, el IPA tenía una misión clara: educar al público sobre cómo pensar críticamente en lugar de decirle qué pensar. Su lema, "Somos propagandistas de la democracia", resumía su intención de combatir la manipulación mediática con herramientas educativas.
Entre 1937 y 1942, el IPA lideró un esfuerzo pionero en Estados Unidos para enseñar a las personas a analizar críticamente los mensajes propagandísticos. Aunque su trabajo tuvo un impacto limitado en su tiempo, las ideas del IPA siguen siendo una fuente valiosa de aprendizaje en la era de las redes sociales y las noticias falsas.
Uno de los mayores aportes del IPA fue la identificación de siete estrategias comunes de propaganda, que aún se enseñan en programas de alfabetización mediática:
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Etiquetado: Usar términos peyorativos para desacreditar a oponentes.
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Generalizaciones brillantes: Apelar a conceptos atractivos como "libertad".
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Gente común: Presentar líderes como ciudadanos corrientes.
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Transferencia: Asociar emociones positivas o negativas a un símbolo.
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Testimonios: Usar figuras reconocidas para legitimar un mensaje.
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Apelación a la multitud: Usar la presión grupal para persuadir.
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Simplificación excesiva: Reducir problemas complejos a soluciones fáciles.
Estos métodos fueron diseñados para ayudar a las personas a identificar manipulaciones en discursos políticos, publicidad y noticias.
A pesar de su visión progresista, el IPA enfrentó numerosas críticas. Algunos lo acusaron de tener una agenda ideológica disfrazada de neutralidad científica. Además, su énfasis en combatir la propaganda de derecha lo expuso a ataques de grupos conservadores y al escrutinio del Comité de Actividades Antiestadounidenses. En 1942, la presión política y la falta de financiamiento llevaron a su cierre definitivo.
No obstante, hoy es importante recordar que “en una sociedad libre, el acceso a la información crítica es tan importante como la capacidad de analizarla”. Enfrentar los desafíos de la desinformación actual requiere no solo aprender del pasado, sino también adaptarse a las complejidades del presente.