Los datos señalan que Trump es el mejor… en desinformar, influir y debilitar la democracia. En su primer periodo presidencial (2017-2021), verificadores de información documentaron una avalancha de declaraciones falsas o engañosas al superar las 30,500 imprecisiones. Este hecho subraya su habilidad para convertir la desinformación en una herramienta política. En su primer año de gobierno, Trump promedió 6 afirmaciones falsas al día; en 2018 fueron 16, en 2019 aumentaron a 22 y en 2020 alcanzaron las 27 diarias, según detalla Marty Baron en su libro Frente al poder: Trump, Bezos y el Washington Post. En promedio, emitía 21 declaraciones desinformativas por jornada. Una auténtica maquinaria de distorsión.
Aunque no inventó el concepto de "noticias falsas" (“fake news”), Trump lo popularizó hasta el punto de que, en 2017, el portal dictionary.com incluyó la definición: “Noticias falsas, a menudo sensacionalistas, creadas para generar ingresos por publicidad o desacreditar figuras públicas, movimientos políticos o empresas”. Ese mismo año, Trump utilizó el término más de 150 veces en diversos contextos, convirtiéndolo en un arma política de gran impacto. Su estrategia era sencilla pero efectiva: repetir incansablemente hasta que una mentira pareciera verdad.
Su legado traspasó fronteras. En España, durante los enfrentamientos policiales de 2017 en Cataluña, el exministro de Asuntos Exteriores justificó las acciones gubernamentales aludiendo a “hechos alternativos” y “noticias falsas”. Rusia incluyó una sección de “noticias falsas” en el sitio web del Ministerio de Asuntos Exteriores para desacreditar información crítica. En Myanmar, durante el desplazamiento forzado de los Rohingya, un comunicado oficial negó su existencia bajo el pretexto de ser “noticias falsas”. Estas estrategias encontraron eco en América Latina, donde el discurso polarizante también floreció entre mandatarios como Nicolás Maduro o Andrés Manuel López Obrador.
Desde el 6 de noviembre de 2024, un día después de las elecciones en Estados Unidos, hasta el 1 de enero de 2025, Donald Trump generó más de 5,500 notas informativas en 638 medios digitales en México, destacando cómo su figura polarizadora y mediática captó la atención del país en un contexto marcado por tensiones políticas y sociales. De estas, cerca de 1,000 mencionaron a Claudia Sheinbaum, 50 abordaron la migración y apenas 20 trataron el tema de las drogas. Durante este periodo, su cobertura mediática alcanzó un promedio de 100 publicaciones diarias, un nivel de atención inédito para cualquier figura pública en el país.
El pasado 10 de enero, un jurado en Manhattan declaró culpable a Donald Trump en el caso de la ex actriz porno Stormy Daniels, un veredicto que marcó un nuevo capítulo en su legado político. La decisión subraya las acusaciones que le han perseguido durante años y refleja cómo su regreso a la presidencia reconfigura el panorama político al desafiar los límites tradicionales del poder y la justicia. El 20 de enero, Trump será el presidente número 47 de Estados Unidos y también se convertirá en el primer delincuente en ocupar la Casa Blanca. Paradójicamente, también es el único que puede usar el poder presidencial como escudo para evitar la cárcel.
En este contexto, Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, anunció un cambio significativo en sus plataformas: la eliminación de los sistemas de verificación de contenidos, al reemplazarlos por notas comunitarias al estilo de X. Aunque esta medida se implementará inicialmente en Estados Unidos antes de expandirse a otros países, el mensaje es claro: mayor tolerancia hacia el discurso de odio y polarizante. Este tipo de decisiones tecnológicas abren la puerta a un aumento de la desinformación en un contexto saturado de narrativas engañosas.
El retorno de Trump representa un cóctel explosivo entre post verdad y desinformación. Vivimos en una "hiperrealidad informativa" donde la verdad es un campo de batalla y la realidad puede ser manipulada o suplantada por narrativas construidas para mezclar hechos, emociones y engaños con el objetivo de alterar percepciones y moldear opiniones.
Enfrentar esta era de confusión requiere construir estrategias robustas para identificar y frenar la distorsión, defender el acceso a información y fomentar una ciudadanía crítica. No cabe duda que Donald Trump es, sin lugar a dudas, el mejor... el mejor en demostrar que la desinformación amenaza los cimientos más sólidos de las democracias.